domingo, 3 de mayo de 2015

Flujo

"Ave Maria Purisima" rezaba el padre y contestabamos "Sin pecado concebido". Todos arrodillados en la capilla de nuestro colegio. Hacian misa todos los Lunes y Viernes de la semana y esa respuesta, fuera de religiosa se volvio en una respuesta hueca, monotona y sin sentido.
Mientras estaba arrodillado, apoyando mis codos en el espaldar de las bancas siguientes, mis manos juntas y mi cabeza entre ellas; debia de estar pensando en arrepentirme de mis pecados, de mi mal comportamiento pero no, estaba con una ereccion en camino y trataba de morderme los labios para producirme dolor y asi, amilanar la excitacion que sentia.
Pensaba en la hermana menor de la amiga de mi hermana, aquella chica de mi edad, que conociera un dia en una reunion de las amigas de mi hermana y ella. Nos conoceriamos y entablariamos una pequeña amistad, que se vio manchada por nuestros bajos instintos y nuestro deseo sexual juvenil. Eramos unos promiscuos.
Pensaba en ella y en sus senos, sus caderas anchas para su edad y su delicada piel, pensaba tambien en sus besos, sus caricias y aquellas mordidas que me daba a los labios.
La misa continuaba, ya teniamos que ponernos de pie y yo seguia mordiendome los labios para tratar de apaciguar la excitacion que me venia, pero no podia porque ese pequeño dolor me recordaba a la furia de los besos que ella me daba, asi que para disimular la casi ya erecion completa que tenia, le meti un puntapie a la banca siguiente, me dolio mucho y el instructor de pre militar me dio una mirada de condena y la ereccion amilano su fuerza. No me importaba ranear o correr, a sufrir una verguenza de tener una ereccion en plena misa y ser sorprendido con ella para quizas ser la burla eterna, pero ni el dolor, ni la misa, ni la mirada del instructor y ni Jesus crucificado podian amilanar este deseo sexual que reventaba en mi interior.
Ahora recordaba su olor, sus susurros con sus gemidos y en esa misa, era una pira de fuego, ardiendo en pasion juvenil.
Era hora de tomar asiento y esta misa no tenia fin ni mis recuerdos.
Sentado, con la luz blanca que entraba por los grandes vitrales, recordaba aquella vez, que mi madre me mandara a comprarle bizcochos a la casa de mi tio y me encontre con aquella chica, ya que vivia cerca a la casa de mi tio y nos escapamos a caminar por ahi, ella delante mio me miraba y meneaba su trasero, lo hacia a proposito, me incitaba, "¿Te gustan?", solia preguntarme y me sonreia; yo con la cabeza decia que si.
Nos metimos a una casa mia que tenia por ahi, ya que no viviamos en ella y en la soledad y silencio de aquella construccion de dos pisos, hice por tercera o segunda vez, el amor. No era la primera, pero si podria decir que fue la primera vez que senti esa furia y pasion femeninas tan a flor de piel. Como me cabalgaba, como me besaba, acariciaba y deseaba. Me quemaba con su sola mirada y yo, ahi, un chiquillo inexperto, aprendiendo a disfrutar del sexo intuitivamente. Volviendome hombre a ciegas. Recuerdo tambien que eyacule mil veces, si, mil veces y que aquella noche, llegue a mi casa maltrecho y sin bizcochos, ya que mis tios se habian dormido para cuando me acorde de comprarlos. Mi madre al dia siguiente me gritaria, pero no me importaba, sus gritos me traspasaban el cuerpo como si nada, porque mi mente seguia en el dia anterior; montando y siendo montado, besando y siendo besado, gozando y compartiendo gemidos.
No recuerdo en que acabaria la misa de aquel dia, pero si recuerdo bien claro, el dia que conoci por primera vez, la pasion fogoza de una mujer y el inicio creativo del satiro que soy hoy en dia.

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