"Ave Maria Purisima" rezaba el padre y contestabamos "Sin pecado
concebido". Todos arrodillados en la capilla de nuestro colegio. Hacian
misa todos los Lunes y Viernes de la semana y esa respuesta, fuera de
religiosa se volvio en una respuesta hueca, monotona y sin sentido.
Mientras estaba arrodillado, apoyando mis codos en el espaldar de las
bancas siguientes, mis manos juntas y mi cabeza entre ellas; debia de
estar pensando en arrepentirme de mis pecados, de mi mal comportamiento
pero no, estaba con una ereccion en camino y trataba de morderme los
labios para producirme dolor y asi, amilanar la excitacion que sentia.
Pensaba en la hermana menor de la amiga de mi hermana, aquella chica de
mi edad, que conociera un dia en una reunion de las amigas de mi
hermana y ella. Nos conoceriamos y entablariamos una pequeña amistad,
que se vio manchada por nuestros bajos instintos y nuestro deseo sexual
juvenil. Eramos unos promiscuos.
Pensaba en ella y en sus senos, sus
caderas anchas para su edad y su delicada piel, pensaba tambien en sus
besos, sus caricias y aquellas mordidas que me daba a los labios.
La
misa continuaba, ya teniamos que ponernos de pie y yo seguia
mordiendome los labios para tratar de apaciguar la excitacion que me
venia, pero no podia porque ese pequeño dolor me recordaba a la furia de
los besos que ella me daba, asi que para disimular la casi ya erecion
completa que tenia, le meti un puntapie a la banca siguiente, me dolio
mucho y el instructor de pre militar me dio una mirada de condena y la
ereccion amilano su fuerza. No me importaba ranear o correr, a sufrir
una verguenza de tener una ereccion en plena misa y ser sorprendido con
ella para quizas ser la burla eterna, pero ni el dolor, ni la misa, ni la
mirada del instructor y ni Jesus crucificado podian amilanar este deseo
sexual que reventaba en mi interior.
Ahora recordaba su olor, sus susurros con sus gemidos y en esa misa, era una pira de fuego, ardiendo en pasion juvenil.
Era hora de tomar asiento y esta misa no tenia fin ni mis recuerdos.
Sentado, con la luz blanca que entraba por los grandes vitrales,
recordaba aquella vez, que mi madre me mandara a comprarle bizcochos a
la casa de mi tio y me encontre con aquella chica, ya que vivia cerca a
la casa de mi tio y nos escapamos a caminar por ahi, ella delante mio me
miraba y meneaba su trasero, lo hacia a proposito, me incitaba, "¿Te
gustan?", solia preguntarme y me sonreia; yo con la cabeza decia que si.
Nos metimos a una casa mia que tenia por ahi, ya que no viviamos en
ella y en la soledad y silencio de aquella construccion de dos pisos,
hice por tercera o segunda vez, el amor. No era la primera, pero si
podria decir que fue la primera vez que senti esa furia y pasion
femeninas tan a flor de piel. Como me cabalgaba, como me besaba,
acariciaba y deseaba. Me quemaba con su sola mirada y yo, ahi, un
chiquillo inexperto, aprendiendo a disfrutar del sexo intuitivamente.
Volviendome hombre a ciegas. Recuerdo tambien que eyacule mil veces, si,
mil veces y que aquella noche, llegue a mi casa maltrecho y sin
bizcochos, ya que mis tios se habian dormido para cuando me acorde de
comprarlos. Mi madre al dia siguiente me gritaria, pero no me importaba,
sus gritos me traspasaban el cuerpo como si nada, porque mi mente
seguia en el dia anterior; montando y siendo montado, besando y siendo
besado, gozando y compartiendo gemidos.
No recuerdo en que acabaria
la misa de aquel dia, pero si recuerdo bien claro, el dia que conoci por
primera vez, la pasion fogoza de una mujer y el inicio creativo del
satiro que soy hoy en dia.
un pequeño espacio, para dejar a mi mente a su libre albedrío...
domingo, 3 de mayo de 2015
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