He tenido un sueño premonitorio, que me dijo la verdad, entera, en el que me vi llorando, en circunstancias antiguas que se repiten, anteriores a mi existencia.
Fueron tres pequeños, dos varones y una niña, quienes me miraban y los miraba, hermosos, puros, bellos con fuerzas enormes para conquistarlo todo, fue la niña que quiso andar y quise guiarla y andar con ella, fue lo ajeno que me detuvo y en esos sueños, estuve llorando con el puño cerrado mordiéndome los labios.
¿Qué son esos mensajes que intenta darme la vida?
¿De cuándo son esas intenciones que llegan a mi en murmullos solo en sueños?
Desnudar al alma es un acto indoloro, falso aquello que sea así.
Hoy a diferencia de otros días, tengo la tristeza amarga, hay un sol negro que me cubre y tengo que luchar, la respuesta es esa, el consejo antiguo que me llega, es seguir, tres voces anteriores a mi y a muchos, se han presentado de manera etérea para darme el impulso y guiarme, demostrarme que la alegría está en la apertura de mis manos y el grito potente de mi pecho.
Hay tristeza porque hay confusión, estoy perturbado y el ancla que creí lanzar al fondo de mi mar, se ha roto, vuelven entonces aguas negras y embravecidas y mojan mis pies, humedecen los dedos y acarician mis talones.
Irónica es la vida, pero es esta su naturaleza que la hace también hermosa y bella, ante la calamidad, llamo en silencio a mi corazón que en respuesta, me cubre con su amor indiscriminado e inmisericorde.
Resultados infinitos se muestran, propuestas paralelas ¿cómo saber que la decisión fue la correcta?
Vuelven los menores a presentarse, me abrazan, me saludan, lo que era un sol negro es ahora una luna roja que me cubre y ante desiertos impostergables me postra.
Hay un remanso que me inquieta, quizás las circunstancias no debieron ser así, quizás inclusive muchas cosas, pero ya es nada ahora, cierro los ojos y me dejo ser, en esa quietud otra vez llorando, encuentro hermosa la muerte.
Hubo durante algún tiempo, algo muy parecido al amor, caen las cortinas, se abre el cielo y ante un celeste claro y despejado, Apolo me sonríe radiante, me da la mano y a diferencia de Icarus, en su regazo me avalancho.
Tuve un sueño, recuerdo; hubieron tres, comento. La belleza del momento es sublime.
Un ronroneo me despierta, mis ojos detectan al mundo, una garra me saluda y ante una fría mañana, el regalo de la noche me tiene cálido.