martes, 10 de septiembre de 2013

Bésame mucho... (1)

¡¡Cállate!! atine a gritar y para mi suerte nadie escucho, pero ella si y se callo al instante. Estábamos agachados, acurrucados con una ansiedad inmensa. Quería terminar esto, pero ¡Ya!, Arkin me había prometido unos rones en el Bebop y hoy tenia unas ganas de ron pero terribles.
Los guardias estaban fumando unos cigarrillos negros y conversaban amenamente, todo iba como lo planeado. Eugene que estaba a unos metros de mi se maquillaba tranquilamente y cuando se dio cuenta que la miraba me mando un beso y se arreglo los senos, ella sabia que eso me mataba y yo feliz deduje que era el momento.
Cargue mi escopeta favorita, era una Holland & Holland que me regalo mi abuelo y que a el se la regalo un ingles que la usaba para cazar perdices y yo para matar personas. Eugene se paro y empezó a acercarse lenta y muy sensualmente; logre ver la cara de los gendarmes que prácticamente se la comían con la mirada y ella paro; sabia que era la hora... aliste mi escopeta y me lance por los aires gritando con una sonrisa en el rostro: "Es tiempo de Spokey Dokey amigos, hahahaha". Y antes de meterles un par de balas en el pecho, Eugene ya los había acribillado, ella era de metralletas, avanzamos hasta la puerta y con un par de ráfagas la abrió, esto era lo interesante de estas casonas, que con solo una patada habría sido suficiente para poder entrar. Una vez dentro todo ya era mucho mas fácil, había estado anteriormente en esta casona pero solo con Arkin, en unas reuniones y fiestas que hicieron y en ese entonces aprovechamos para estudiar bien la arquitectura de la casa.
Eugene encendió un cigarrillo y me apuro para hacer las cosas, yo recién las recordaba. Cruzamos el patio pequeño que daba a una puerta grande de madera, nadie pasaba por la calle y por lo que parecía, no había actividad dentro de la casa. Use mi navaja para abrir la puerta y prendí mi linterna, era pequeña de bolsillo pero alumbraba muy bien, Eugene me dio señales de que subiera, ella iría directo a la cocina como lo planeado, la dueña de esta casa era una vieja maniática a los utensilios de cocina y la mayoría de sus cubiertos y cuchillos eran de oro. Subiendo las gradas me di cuenta de que algo había cambiado y era el pasillo: estaba lleno de jarrones, esculturas y cuadros que tranquilamente podrían valer una gran suma de dinero. Pero fuera de eso era el hecho de que para un escape, me dificultarían la salida o en el caso de que haya algún enfrentamiento con sus sobrinos (por eso yo subí al segundo piso...) podrían arruinar mi lucha.
Me relaje y tome mi actitud alpinchista de siempre, vine aquí por algo y me tenia que retirar con ese algo, claro que con Eugene también y viva de preferencia porque después de los rones con Arkin, tendría mi sesión de racatapunchinchin con ella. Revise que tuviera mis perdigones listos, mi Holland estaba cargada y brillaba con pasión esta noche, siempre bella y reluciente; me acomode los pantalones y me dirigí hacia el cuarto de los sobrinos, cuando me di cuenta de algo, sonidos raros provenían del cuarto: ¡gemidos! Y pensé que quizás era justo que murieran en su ley, cuando al abrir la puerta la escena que vi me saco de casillas.
Los dos estaban desnudos teniendo relaciones sexuales, me miraron sorprendidos pero no les di tiempo para reaccionar y les llene de plomo las vísceras, no fueron necesarios los dos disparos y guarde el otro para la vieja. Me acerque y les quite las pulseras de oro con diamantes que tenían, era obvio, ni para tirar se las quitaban.
Las guarde en mi chaleco, Eugene ya debería de estar terminando su trabajo y entre al siguiente cuarto. La vieja estaba completamente dormida, derepente para no escuchar las porquerías de sus sobrinos se doparía ella misma y haciéndole un favor gaste mi ultimo perdigón en su cabeza. Lo que quería estaba a la vista: en el frasco donde reposaba su dentadura estaba también la sortija de oro con un hermoso diamantito brillando para mi.
Una vez abajo, Eugene estaba fumando sentada sobre un maletín bien grande.
— Hasta para matar eres un lenteja...— me dijo ella, botando una gran bocanada que se perdia a la tenue luz de la noche.
— Daaaa... — le conteste, haciendo un ademan de aludido.
Se paro y dio otra bocanada, le iba a mostrar las joyas cuando una fuerte luz me dio en toda la cara...
— ¡¡Aramiz!! Sabemos que eres tu, así que por favor pon las manos en alto donde podamos verlas, igual usted, Srta. Dalila. — Escuche gritar a alguien.
Agache la mirada y pensaba en el numero de veces que había escuchado esas palabras, al levantarla alcance a ver a unos cuantos policías que me apuntaban, ya no estaban los cuerpos de los guardias que acribillara Eugene cuando de pronto una explosión dejo todo cubierto de una neblina de humo y supuse que era Arkin que debería de estar cerca. Para mi suerte yo conocía bien esa casa pero Eugene no, así que la tome de la mano y con la otra me cargue el maletín a cuestas y me metí a la casa, la cruzamos en unos segundos, en el otro extremo de la casa le metí una patada a la puerta de madera que daba a el callejón trasero y una vez en la calle vi que habían tres policías muertos y dos motos en el piso, sin lugar a dudas Arkin estuvo aquí, esos cráneos destrozados solo eran obra de Arkin. Escuche un silbido y si, era Arkin que nos esperaba a unos metros de ahi en la mini cooper azul que se comprara hace ya casi un año y que seria nuestra fiel acompañante desde entonces. Subimos y arrancamos en un instante, Arkin tenia un Morgan en la mano y me lo paso, le di un bocado y a Eugene le paso su petaca dorada.
— Esta con Morgan Dali, no te preocupes, bebe con confianza. — sentencio Arkin para esa noche y le metio pata al acelerador.

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Se recomienda leerse con estas dos canciones de fondo y en el respectivo orden...

Cowboy Bebop OST - Rush

Cowboy Bebop OST - Doggy Dog II

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