martes, 10 de septiembre de 2013

Y para que leer, periódico de ayer (3)

"Cállate, cállate, cállate" me repetía a mi mismo y el pecho me oprimía a mas no poder. Sentía un nerviosismo tremendo y la desesperación me agobiaba y nuevamente me decía a mi mismo que callara cuando no había dicho palabra alguna, me repetía esa misma palabra y me aferraba mas al revolver que tenia en una mano mientras que la otra no podía empuñar la navaja. La luz tenue que venia de algún poste que estaría a ciertos metros de donde estaba me daba cierta comodidad como desesperanza, cuando de pronto escuche pasos, pasos que venían y me apoye tanto como pude a la pequeña pared que me servia de escondite, "Maldita sea me van a encontrar si no hago algo..." pensé y empece a ver a todos lados, posibles escapes, posibles escondites, posibles armas, miraba todo con el afán de encontrar algo que me ayudara y... nada... no encontré nada y los pasos cada vez se escuchaban mas fuerte, mas claros, mas cercanos...
— ¡¡Aramiz!! Juro que vas a pagar por esto, y si deseas algo de piedad deja de esconderte y ven ahora mismo. ¡No seas cobarde! ¡Aramiz!.— Escuche que gritaba Matthew, ese ingles con el que compartiera en otros tiempos muchas cosas y que llegáramos a querernos tanto como a hermanos. — ¡Aramiz! Si Margareth estuviera aquí no estarías con esa actitud de cobarde... ¡Eres un maricón de mierda! ¡Siempre lo fuiste, Aramiz!. —
Matthew no estaba solo, eso era muy obvio, lo mas probable es que lo estarían acompañando esos gemelos maricones, que lo único en que se preocupaban era por peinarse y tener bien maquilladita la cara, hasta para luchar y matar eran unos maricones. Y yo sabiendo eso, era obvio que no saldría y para empeorar, conociendo a ese par apuesto que al enterarse que estaría en la misma ciudad con Matthew habrían juntado a toda su pandilla de amanerados para darme mi merecido o en el mejor o peor de los casos, matarme.
Escuche mas pasos y me di cuenta que no había estado equivocado, Matthew había llamado a los gemelos amanerados y ellos habían llamado a su pandilla de amanerados que si mal no recordaba, sacando bien mis cuentas habría un total de 13 amanerados y un varón (Matthew), todos con ganas de descuartizarme o en el mejor o peor de los casos matarme.
Ya no podía mas, me sentía como un niño indefenso, como una rata con toda una serpiente enroscandome el cuerpo y esperando el momento exacto para aplastar todos mis órganos internos y de repente vino a mi la actitud que siempre me hizo salir airoso de las peores situaciones y me relaje, me relaje completamente, los pasos los sentía ya en mi cabecera.
— ¡Matias, Matias, Matias...! ¡¿Era necesario acaso que llamaras a estos amanerados de mierda?!.— Grite y sentí que los pasos pararon.
— Ohhh... Pero si es la rata de cloaca, traidor maldito, te atreves a decir palabra alguna... Si Margar... — Y antes de que terminara la frase lo interrumpí.
— No metas a Margareth en esto, deja tu de ser el cobarde y no la metas en esto, que lo que paso es solo entre tu, yo y aquellas personas que ya no están mas aquí.
— ¡¡Ay!!... Pero si es el hijo prodigo de la hermandad, aquel que se atrevió a engañarnos, matarnos ¡Incluso a Margareth! ¿No es así? ¿Aramiz el traidor?. — Dijo Alondra, que se abría paso y se paraba junto a Matthew cuyo verdadero nombre era Alonso, uno de los gemelos.
— Cierra el hocico marica de mierda; tu, tu hermano y tu pandilla de balerinas no deberían de estar aquí, esto es cosa de hombres...
—Aramiz... — Empezó a hablarme Matthew — Te recuerdo que en las circunstancias en las que estas, no te dan la oportunidad de dirigirte así a mi y a los demás, así que te pido que te calmes que dejes tu oratoria de mediocre y que salgas de una puta vez del agujero de donde carajos estas. ¡Aramiz! — Grito Matthew que se impacientaba.
Todo me llegaba al pincho, tenia la actitud alpinchista mas desahuevadora del mundo. Mire bien y en la desesperación no había visto que mas allá habían pedazos de pared en el suelo, serian de algún muro que cayera y sus restos yacían por todo el recinto en el que estaba. Cogí la navaja y la guarde en la cacha, mire rápidamente las balas de mi revolver y vi que me quedaban solo 4 balas, en la chaqueta tenia dos cargadores lo que me hacia un total de 16 disparos, lo justo y necesario para matar a todos, hasta podía meterle un par de balazos mas a los gemelos. Empece a intentar llegar a esos escombros para tratar de hacerme un pequeño muro y disparar desde ahí, de pronto sentí en mi espalda dos barazos que me derribaron al piso.
— ¡Sujétenlo! — dijo Matthew a los tipos que me derribaron. — Antes de darte tu merecido, querido Aramiz, déjame verte bien por ultima vez. Levantenle la cara, miren como luce un traidor...— Y los amanerados me sujetaron tan fuerte como pudieron y uno de ellos vino y me levanto el rostro, otro de ellos se acerco y me beso una mejilla, los gemelos se pararon al costado de Matthew y me miraban como si vieran algo que nunca hubieran visto.
— Para ser un traidor, eres bien simpático... — dijo Alondra y su hermano se acerco lo mas que pudo a mi cara y aprovechando que estaba tan cerca, lleve mi cabeza para atrás y le metí un cabezazo que lo dejo tirado en el suelo sangrando, creo que le había roto la nariz y tuve cierto mareo porque a mi también me dolió.
Los que me sujetaban me dieron puñetazos en la cara y los otros quisieron llenarme de patadas pero Matthew los paro.
— ¡Esperen! Antes de todo quiero que este consciente, quiero marcarle la cara a este traidor... — Y saco una navaja de su gabardina y caminaba lentamente hacia mi, los que me sujetaban me agarraron con mas fuerza, el que me sujetaba la cara me la limpio y me la levanto, intentaba moverme pero no me dejaban, no podía hacer nada, me iban a cortar la cara y eso me enfurecía terriblemente, "Carajo, carajo, carajo" pensaba cuando de pronto alguien grito...
— ¡Hou! ¡Hou! ¡Hou! ¡Vaya! Pero si es todo un grupo de abusivos. Que cobardes son, tantos huevones contra solo uno. — Grito Arkin que aparecía de la nada con su bastón en hombros y una metralleta en una mano, todos voltearon sorprendidos y Arkin disparo a quema ropa, aprovechando la situación me deshice de los que me sujetaban, los gemelos saltaron rápidamente al igual que Matthew a buscar refugio, yo fui para mi escondite anterior. Para esto, Arkin había matado como a 6 y se había ocultado detrás de un pequeño muro que había en el callejón.
— ¡¡El destino lo quiso así Matias!! — grite y empece a reír.
— ¡Maricón! — grito Arkin que recargaba su metralleta.
Me acomode la chaqueta, desenvaine mi navaja y saque mi revolver que tontamente no me quitaron los demás. Espié por un lado del pequeño muro y vi que los gemelos estaban acurrucados, super asustados y que Matthew era el único que estaba de pie con sus brazos extendidos en direcciones opuestas apuntando sus pistolas.
— ¡Alondra!, ¡Karmin! — Grito Matthew a los gemelos — Párense de una vez y alistense carajo.
Aprovechando que estaban meándose en los pantalones, salte con gusto gritando "¡Es tiempo de Spokey Dokey amigos!" y apunte rápidamente con mi revolver y les di a un par de cabros que estaban con la mente en otro lado, caí al suelo y Matthew empezó a dispararme, salte tan rápido como pude y no me alcanzaron las balas, Arkin salio de su escondite y mato a el par de pandilleros que quedaban.
— ¡Alto carajo! — grito Arkin — Suelta las pistolas tío, o mato a los maricones.
Matthew no soltó sus pistolas y me disparo en el pecho.
— ¡¡No carajo!! — grito Arkin y mato a los gemelos, acto seguido se lanzo contra Matthew, lo tumbo al piso y lo agarro a puñetazos. — ¡Maricón de mierda, te dije que alto! No entiendes que es alto. — y llenaba de golpes la cara de Matthew.
— Ese que defiendes, es un traidor. — Atino a decir Matthew que sangraba.
— ¡¡Cierra el hocico mierda!! Tu que sabes de el, no sabes nada. — refuto Arkin que paro.
— Yo se mas que tu de el... mas de lo que crees y te digo con certeza que es un traidor... bien que ya esta muerto.
— ¡¡Es mi hermano!! No le faltes el respeto marica de mierda, no te voy a matar, te llevare conmigo y te voy a hacer vivir un infierno, vas a querer estar muerto, rogaras que venga la muerte por ti. — Y no pudo mas Arkin y empezó a llorar.
Se paro, recogió su arma y le disparo en las manos.
— ¡¡Arrrrrrrrrgggggg!! — grito Matthew.
— Maricon de mierda... vas a sufrir... ¡Lo juro!.
Empezó a caminar a lo que seria mi cadáver, se arrodillo y me recogió, me llevo a su pecho y lloro en silencio.
La respiración vino de la nada hacia mi y pude sentir con alivio como el aire entraba a mis pulmones, pero el dolor del pecho no se me iba.
— Huevon... — Musite — No estoy muerto... me salvo mi vicio al ron, hahahaha.
Resulto que antes de salir, tome la petaca de Eugene y la había guardado en el bolsillo de pecho de mi chaqueta y había amortiguado la bala.
Arkin no atino a decir palabra alguna, solo abrió sus brazos y me miro con unos ojos enormes.
— Ahora veamos que sucede con este ingles de mierda. — Me pare poco a poco, recogí mi navaja y me acerque a Matias. — Matias, Matias, era que no intentaras hacerme nada y que vivieras tu vida tranquilo ahora mira como te encuentras, pero no te matare. — Me arrodille hasta el y le mire a la cara, el escupió en la mía. — Que coraje el tuyo querido amigo, pero te dejare este recuerdo para toda tu vida. Matias, es por tu bien así que entiéndelo por favor. Lo de aquella vez ya paso y lo que te dejare valdrá para que siempre recuerdes que ya paso. — Le tome la cara y Matias empezó a moverse, le di un codazo en la cien y cayo desmayado.
Le corte la cara, le hice una cruz en la mejilla derecha. Arkin estaba estupefacto mirando la escena. 
— Vamonos tio, esto me ha cansado hasta los sentidos... — Le dije que pareció reaccionar y fue a robar las pertenencias de los muertos.
— Nunca olvidas tus malas costumbres, ¿No?.
— Al menos sacaremos para el ron y las pizzas de esta noche. Carrocita esta a dos cuadras de aquí.
— Vamonos tio, por hoy tenemos suficiente.
— Ya me contaras esa huevada de "Aramiz el traidor".— me dijo Arkin que se acomodaba el chaleco.
— Hay cosas que es mejor nunca saberlas hijita, vamos tio, Eugene debe de estar preocupada. — Y nos fuimos caminando hacia Carrocita.
Mi pasado... nunca me dejaría en paz solo esperaba a que Matias entendiera que era por su bien y matarlo habría sido muy cruel, aun lo estimaba porque el no sabia lo que realmente paso, sentí pena por sus manos, pero no juzgaba a Arkin creo que yo habría actuado de igual manera. Solo esperaba a que no volviera a cruzarme con él el resto de mi vida, por ahora le debía una petaca a Eugene.

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Se recomienda leerse con esta canción de fondo:

► Ennio Morricone - Giú la testa

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